André Kertész, el padre de la fotografía subjetiva

Kertész

Tenedor. / André Kertész

Si hablamos del arte en fotografía, uno de los fotógrafos pioneros en este campo fue sin lugar a dudas, André Kertész (1894-1985). Este autor húngaro contribuyó decisivamente a formar un nuevo concepto de composición fotográfica gracias a sus ángulos poco ortodoxos y su estilo eminentemente personal. Kertész aportó una visión humana y humanista, subjetiva e, incluso, poética, al campo fotográfico, y prácticamente toda su vida se dedicó a fotografiar las cosas tal y como le afectaban, según el sentimiento que le producían.

 Inicios

André Kertész encontró su vocación fotográfica en un desván. Concretamente, en el de la casa de Mihály Klöpfer, cuando en una de sus visitas de infancia encontró algunas viejas revistas alemanas ilustradas, como Die Gartenlauber. Desde ese momento, decidió que él también quería dedicarse a hacer fotografías.

Con ese propósito, Kertész gastó su primer salario de su trabajo en la Bolsa de Cereales, en una cámara ICA-Platter y comenzó a tomar sus primitivas imágenes de manera autodidacta, desarrollando esta afición durante su tiempo libre. En esta primera época, se dedicó a fotografiar a los campesinos locales, a los gitanos y a los bellos paisajes de la Gran Llanura Húngara. 

André Kertész

Nadar bajo el agua. / André Kertész

Por aquel entonces sus fotografías eran ya maduras, teniendo en todo momento sumo cuidado en el trato de la línea y el equilibrio. El mismo señaló, en alguna entrevista, que su dominio de la composición fue innato. Al mismo tiempo, aprendió la técnica de laboratorio gracias a su amigo László Chmura cuyos padres eran dueños de una tienda de fotografía en Budapest.

En el año 1914, Kertész se alistó como alférez voluntario de Infantería en la I Guerra Mundial e hizo interesantes fotos de la retaguardia del frente polaco. Reflejó a través de imágenes, la vida en las trincheras, con una cámara ligera, una Tenax de Goerz.

Desgraciadamente, durante la guerra fue herido en un brazo, una lesión que le dificultó muchísimo la práctica de la fotografía durante 2 años, pero con mucho esfuerzo, logró superarlo y no le quedaron secuelas. Precisamente, en el Instituto de Rehabilitación tomó una de sus fotografías más famosas, Nadar bajo el agua.

En esos años, Kertész vio cumplido su sueño y muchas de sus imágenes fueron publicadas en medios escritos, como el Érdekes Vjság. Desafortunadamente, dichas imágenes y negativos se perdieron durante el conflicto bélico.

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